Così PPK perse la faccia

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Ecco come, su El Pais di Madrid, Gustavo Gorriti, giornalista che sua tempo scrisse memorabili cose tanto su “Sendero Luminoso quanto sul regime autoritario e corrotto di Fujimori-Montesinos – cose memorabili  che pago con l’esilio –  ha commentato ieri ‘indulto umanitario concesso l’ex presidente. Un analisi che 2americhe condivide la 100 per cento.

Fue una semana navideña que tardará en olvidarse, de vertiginosa sucesión de sorpresas; de estratagemas que derriban estrategias. Ni Sun Tzu ni Maquiavelo sino Juego de Tronos: sin dragones, sin sangre, sin sexo, pero con todo lo demás, que no es poco.

Durante la semana, el conflicto se desarrolló así: En el Congreso, la mayoría neofujimorista que obedece a Keiko Fujimori planeó derrocar al débil presidente Pedro Pablo Kuczynski a través de un sumarísimo proceso de destitución acusándolo de “incapacidad moral permanente”. Era una blitz que debía resolverse el jueves 21 gracias al sorprendente apoyo del izquierdista Frente Amplio y el menos sorprendente del partido aprista del ex presidente Alan García.

Parecía un resultado inevitable. El presidente fue abandonado por la mayoría de sus ministros, que lo instó a renunciar. Apenas un par de ministros permanecieron a su lado en la desbandada. Desesperado, Kunczynski buscó la ayuda de las personas que le dieron asesoramiento de emergencia en la segunda vuelta presidencial de 2016 (todas opositoras a la autocracia fujimorista), cuando parecía encaminado a una segura derrota. La periodista Rosa María Palacios, el expremier Pedro Cateriano y el exsenador Alberto Borea estuvieron, sin ser los únicos, entre los principales. En esas horas, cuando Kuczynski quiso contactar a la OEA para poner en juego la Carta Democrática, el canciller Ricardo Luna (uno de quienes abogó por la renuncia), se negó a hacerlo. PPK tuvo que remitir personalmente una carta redactada por Cateriano al secretario general de la OEA Luis Almagro. La experiencia, dijo entonces el presidente, le dejaba enseñanzas imborrables sobre lealtades, traiciones y errores propios.

Gracias a esa asesoría de emergencia, el confuso y errático PPK de días anteriores sonó convincente y digno en su mensaje a la nación el miércoles 20 y en su defensa en el Congreso el jueves 21. Durante el largo debate parlamentario, detrás de los esperpentos retóricos vociferados en el hemiciclo, la batalla real se dio en la pugna por los votos. Cuando el Frente Amplio persistió en su alianza con el fujimorismo, pareció que la suerte estaba echada.

Pero en la votación reventó la sorpresa: 10 congresistas fujimoristas, entre los cuales Kenji Fujimori, se abstuvieron y anularon el efecto del cambio de bando del Frente Amplio. Dos de cinco apristas se abstuvieron también y la presumida victoria y cambio de régimen que coronaría la blitz fujimorista se trocó en derrota.

El viernes 22, el triunfante Kuczynski agradeció, entre otros, a Cateriano, Borea, Palacios. Les aseguró un cambio de estrategia orientada a un vigoroso esfuerzo democrático. Sobre los rumores de un posible indulto a Alberto Fujimori (este había presentado una petición), PPK sostuvo enfáticamente que eso no ocurriría, y que ni se discutiría durante las fiestas. Que las lecciones aprendidas eran claras. Yo hablé con él también y me dijo lo mismo.

El sábado 23 y domingo 24, PPK recibió a varias personas, entre los cuales algunos de los ministros que le habían pedido renunciar. Hacia el mediodía del 24 se disparó el rumor de que iba a indultar a Fujimori, lo que ocurrió horas después.

La reacción de la gente que lo defendió en días previos, fue instantánea: Cateriano condenó “el acto de traición a la democracia y los derechos humanos, cometido por [PPK].[…] ha sido un pacto político infame”. “El presidente me mintió” escribió Palacios “[…] perdió todo el respeto que le tenía”. Borea, su abogado defensor, expresó, “de manera categórica mi total desacuerdo. He sido sorprendido con el indulto a Alberto Fujimori”. Poco después empezaban las protestas en la calle contra el “indulto express” y la “traición de Kuczynski”.

¿La estratagema de Kenji Fujimori llevó a la que perpetró PPK y predice, luego de la sorpresa y las rupturas internas, una nueva alianza? Puede que en parte sí.

¿A qué precio? En el desordenado escenario actual, PPK perdió su credibilidad, demostró que su palabra vale menos que un billete de 13 soles, consiguió el desprecio de la mayoría antifujimorista que se supo traicionada y perdió a integrantes de su bancada que renunciaron; sin conseguir el apoyo de Keiko Fujimori, cuya fuerza es aún considerable.

Un cambio así, de un día al otro, ¿obedece a la estrategia o a la neurología, a la astucia o la disonancia cognitiva? Quizá no importe tanto. Uno se dispara a los pies por muchas razones, pero lo que queda al final, junto a los casquillos, es la pata agujereada.

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