Buio a mezzogiorno

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No, non si tratta delle metaforiche tenebre che Arthur Koestler raccontò nel suo celebrato romanzo sulle tragiche disavventure del commissario del popolo Nicola Salmonovic Rubasciov. Ma di un vero blackout: quello – l’ultimo e più grave d’una ormai lunghissima serie – che ha lasciato di repente senza energia elettrica i tre quarti del Venezuela. Le luci appena s’erano spente, quando il presidente Nicolás Maduro ha senza ombra di dubbio additato le cause ed i responsabili del gigantesco e prolungato “apagón”. Si tratta, ha affermato, d’un atto di sabotaggio o, ancor più specificamente, d’una “prova di golpe elettrico” messa in atto dalla “destra fascista”. “Erano convinti – ha affermato l’autoproclamato “figlio” ed “apostolo” del defunto Hugo Chávez – che con il blackout avrebbero fatto cadere il governo. Ma noi qui siamo e qui resteremo…”. Sulla vicenda – tragicomica come gran parte degli avvenimenti e delle parole che scandiscono i tempi del dopo-Chávez – 2Americhe si limita a riportare quanto Simón Boccanegra ha scritto sul quotidiano “TalCual”.

 

Antes de que Nicolás Maduro se hubiera hecho conocer, en este rol de presidente de la República, este escribidor tenía de él la imagen de un hombre más bien equilibrado y poco dado a la charlatanería típica de sus conmilitones. Pero ahora no salgo de mi asombro ante la sarta de verdaderas estupideces que suelta cada vez que abre la boca.

Son tantas que ya se pueden compendiar en una antología. La última que le conozco no tiene desperdicio. Asevera el susodicho que la oposición pensaba que con el apagón iba a caer el gobierno. “Estaban convencidos de que con el apagón caía el gobierno; no nos van a sacar de aquí”. ¿De dónde pudo haber tomado Maduro tamaña idiotez? Sin duda de la debilidad de su gobierno.

Palo de susto pasó Maduro cuando se fue la luz. En boca de Chávez, cada vez que se producía un corte de luz, acusar a la oposición sonaba a utilización oportunista del incidente para lanzarle una piedra a sus adversarios, pero obviamente ni él mismo creía lo que decía. En cambio, se nota que Maduro sí se tomaba en serio las afirmaciones de su presidente. Las creía al pie de la letra. Por eso, con una falta de imaginación asombrosa, las repite como un lorito. De allí que, cuando hace una afirmación del mismo jaez, acusando a la oposición del apagón, lo dice en serio y creyéndolo firmemente.

La convicción con la cual asegura, como si hubiera penetrado la mente de “la oposición”, que esta juraba que con un apagón tumbaba al gobierno es un acto de fe digno de los antiguos carbonarios. El único que estaba convencido de que con el apagón se caía el gobierno era el propio Maduro.

Non è necesario, ci pare, aggiungere altro

 

                                   

 

 

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